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El destino de las águilas

Desde que era muy chico papá águila recibió instrucciones muy precisas de su padre acerca de cómo volar con perfección, y además con mucha insistencia, sobre la importancia de enseñar a otros a volar; fue así como toda la manada pronto tuvo al que sería el más grande de los maestros en el arte de conquistar las alturas.

El instructor solía reunir a todos los aguiluchos a la semblanza de un filósofo con sus discípulos, para inspirarles y motivarles antes de impulsarles a lanzarse desde inmensos riscos, esa era diariamente su tarea, labor bien gratificada con el inmenso respeto que todos le proferían y con ver la coreografía exquisita que formaban todos sus aprendientes en el aire.

Cuando los aguiluchos recién nacían sus padres se ponían en contacto con el maestro para las posteriores enseñanzas, esa era la rutina allí y nunca desde la aparición del gran tutor jamás algo había fallado o alguien se había negado a lo que ya era tradición.

Sin embargo, llegó el momento en que la historia fue torcida por un suceso muy particular, se trataba de un aguilucho que no demostraba ningún tipo de habilidad en el acto de volar, lo que hacía que su proceso de aprendizaje fuera diferente al de los demás, nadie parecía comprender que era lo que pasaba, de hecho el maestro era el más sorprendido, pues su método estaba lo suficientemente probado y había demostrado ser infalible.

El aguilucho en realidad parecía un murciélago, pues chocaba con todo y cada intento de vuelo se convertía en un rotundo fracaso.

Una tarde el instructor decidió licenciar a todos sus estudiantes y se quedó  a solas con quien consideraba era un animal muy extraño a la naturaleza de las águilas; después de indagar a la criatura un lapso considerable de tiempo, el docente advirtió que su discípulo en realidad nada le motivaba a volar y que por esa razón iba de tumbo en tumbo en cada intento que iniciaba.

Con esa noticia se dirigió el maestro a los padres del aguilucho, -su hijo no vuela por un sencillo, pero determinante motivo, ha nacido sin pasión, algo le ha ocurrido en su genética-, -pero… ¿existe alguna solución?- preguntaron los padres perplejos, -sí, creo que sólo una-, aclaró la garganta el maestro, -su hijo debe descubrir cuál es su misión en esta vida, y si lo logra ya nunca jamás será un águila diferente a las demás y encontrará sentido en cada nuevo vuelo.

Dicen los narradores águilas que el aguilucho emprendió una expedición por muchísimas montañas que acabó un día en el fondo de su corazón, que es ese lugar mágico en el que habita todo el palpitar de la existencia y los más grandes deseos, dicen también, que desde ese día un nuevo maestro en el arte de volar se puso al servicio de los demás.

R. Chisco.

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